lunes, 2 de mayo de 2011

La nueva división internacional del trabajo

En la segunda mitad del siglo XIX, el proceso de unificación del mundo se aceleró rápidamente. Los intercambios entre las distintas regiones del planeta se hicieron cada vez más fluidos, gracias a los nuevos sistemas de transporte y de comunicaciones. La unificación no se registró sólo en el plano económico. Los cambios en los transportes posibilitaron el traslado masivo de personas a largas distancias, mientras que el telégrafo, por su parte, revolucionó las formas de circulación de la información. Sin embargo, la integración de un sistema económico mundial provocó, al mismo tiempo, una nueva división internacional del trabajo.

La economía mundial creció y se diversificó como consecuencia de la demanda de viejas y nuevas materias primas por parte de los países industrializados. Además de insumos industriales, estos últimos países demandaban metales preciosos y alimentos para una población que crecía y que disponía de ingresos en aumento. Estas condiciones estimularon la incorporación de nuevas regiones productoras a la economía mundial. Por otra parte en las regiones proveedoras de materias primas y alimentos, los capitalistas de los países industrializados podían invertir su capital excedente, por ejemplo en el desarrollo de la intraestructura y los transportes ligados al circuito de su comercio. A su vez, las sociedades periféricas se transformaron en mercados consumidores de los productos industrializados de las económías metropolitanas.

En el nuevo sistema económico mundial, rápidamente, se diferenciaron conjuntos de países con distintas funciones. Por un lado, un centro integrado por países industrializados se especializó y concentró la producción de manufacturas, de bienes de capital y de tecnología. Por otro lado, el resto de los países del planeta se especializaron en la producción primaria, de alimentos y materias primas, para abastecer a los países centrales. Por esta razón, por que organizaron sus producciones económicas «alrededor» de las demandas del centro, comenzaron a ser denominadas periferias capitalistas.

En la nueva división internacional del trabajo, cada país se especializaba, según el principio de las ventajas comparativas, en aquellas producciones para las cuales contaba con las condiciones más ventajosas y, por lo tanto, podía ofrecer a mejor precio. Al mismo tiempo, los países importaban el resto de los productos que necesitaban.

América latina en la nueva división internacional del trabajo

El desarrollo de la industrializacion en Gran Bretaña y otros paises europeos provocó la integración de América latina a la economía capitalista mundial. De acuerdo con la división internacional del trabajo, en los países latinoamericanos, los grupos de terratenientes más poderosos reorientaron las economías locales para responder a las demandas de los paises centrales. El objetivo fue organizar la producción de materias primas y alimentos para exportarlos a los paises industrializados.

Por ejemplo, en la Argentina, la nueva vinculación con el mercado mundial, a través de la exportacion de carnes y cereales, produjo importantes cambios económicos, sociales y políticos. En esta etapa de desarrollo agroexportador se produjo un importante crecimiento económico que benefició principalmente a los grandes propietarios de tierras que, además,  controlaron el poder político.

Embarque de carnes, alrededor de 1910, en el puerto
de Buenos Aires

-Tomado de Ciencias Sociales EGB Tercer Cìclo 9, Buenos Aires, Editorial Aique, 2001.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada