Estas son las empresas petroleras creadas por los estados latinoamericanos. En el siguiente link puedes encontrar información sobre cada una de ellas, así como sobre la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo):
1. La revolución soviética y la dictadura de Stalin
Introducción
La revolución rusa fue uno de los acontecimientos clave de la historia del siglo XX. La primera guerra mundial sometió a tensiones brutales a la sociedad rusa y provocó la revolución que acabó con la autocracia zarista. Tras una efímera experiencia liberal, en noviembre de 1917 triunfó la primera revolución comunista de la historia.
Lenin dirigió con mano de hierro al nuevo estado soviético a través de un período de horror y calamidades. La primera guerra mundial, la revolución y la guerra civil golpearon duramente al tejido social ruso.
Stalin, su sucesor, concluyó la construcción de la dictadura comunista. La economía fue centralizada por el Estado y el poder político quedó en manos del dictador que controlaba férreamente al partido comunista y a la sociedad soviética. El terror estalinista configuró uno de los grandes regímenes totalitarios del siglo XX.
El Imperio ruso zarista
En 1914 el imperio zarista era una gran potencia que se extendía por veintidós millones de kilómetros cuadrados a lo largo de Europa y Asia y contaba con ciento setenta millones de habitantes.
Aunque los campesinos analfabetos seguían siendo la mayoría de la población del imperio, la inversión extranjera propició una intensa industrialización en unos pocos núcleos industriales. El sistema político seguía, sin embargo, inalterado. Rusia era una autocracia con un Zar con poder absoluto.
Diversos grupos clandestinos luchaban contra la monarquía rusa. Entre ellos, destacaba un pequeño grupo de marxistas revolucionarios dirigidos por Lenin. Conocidos como los bolcheviques, defendían una visión radical de marxismo con la disciplina propia de una organización clandestina.
La guerra mundial iniciada en 1914 fue especialmente dura en Rusia. En un país atrasado, el esfuerzo bélico (a mediados de 1915 los rusos habían sufrido más de dos millones de bajas) y la escasez de alimentos y combustible derrumbaron la moral de guerra de la población. Rusia se convirtió en el caldo de cultivo perfecto para la agitación revolucionaria. La situación terminó por estallar en marzo de 1917.
La revolución soviética
Las penalidades de la guerra aumentaron el descontento de la población. Las derrotas en el frente, la escasez, el hambre llevaron a que en marzo de 1917 las protestas se extendieran en San Petersburgo. La negativa de las tropas a reprimir a la población precipitó la abdicación del zar y la proclamación de la república.
La revolución se radicalizó muy pronto. En octubre de 1917 los bolcheviques, dirigidos por Lenin y Trotsky, ejecutaron un golpe de estado que les llevó al poder. Rusia firmó el armisticio con Alemania en diciembre de ese año.
El triunfo bolchevique no fue fácil. Inmediatamente una coalición antibolchevique, apoyada por los países de la Entente, organizó el Ejército blanco que se enfrentó durante más de tres años al Ejército rojo comunista en una cruenta guerra civil. Tras la victoria bolchevique, en 1922 nació la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).
La muerte de Lenin en 1924 abrió por la lucha por la sucesión entre Trotsky y Stalin. La victoria de este último llevó al establecimiento de una cruel dictadura totalitaria en la URSS.
La dictadura de Stalin
A fines de los años 1920, Stalin había asentado su poder sobre estado soviético. Rápidamente tomó una decisión trascendental: era posible construir el socialismo en antiguo imperio ruso y para ello era necesario lanzarse a un proceso de industrialización acelerado.
Esta decisión se articuló en dos grandes medidas económicas:
· La colectivización de la agricultura. Una medida que tuvo un enorme coste social y un escaso éxito económico.
· La planificación central de la economía. Basada en la propiedad estatal de industrias y servicios, el gobierno elaboró planes económicos quinquenales que debían llevar a la vieja Rusia agraria a convertirse en una potencia industrial, objetivo que se alcanzó en gran medida pero con un gran coste humano.
Para conseguir la movilización general de la población soviética, Stalin estableció una de las más brutales dictaduras de la historia. Las grandes “purgas” en los años treinta y el establecimiento de un inmenso sistema de campos de concentración, el Gulag, permitieron al “Zar Rojo” controlar con mano férrea la sociedad soviética.
Son varias las características de los regímenes fascista y nazi de la Europa de entre guerras, entre ellos: el totalitarismo, antiliberalismo y anticapitalismo, antimarxismo, el carácter contrarrevolucionario, el autoritarismo y militarismo, ultranacionalismo, liderazgo carismático, la propaganda y terror y la xenofobia. Cada una de ellas permiten comprender, en parte, como llegan al poder y se prolongan en el tiempo dichos regímenes y las consecuencias que provocaron. En esta ocasión me interesa desarrollas sólo algunas de estas características:
Autoritarismo y militarismo
Póster de SA nazi
El fascismo concebía la sociedad como una organización militar más. Había de formar organismo donde cada individuo ocupa un lugar determinado y desarrolla una función específica. En el seno de ese organismo no tenían cabida las discrepancias o disensiones. Como en toda organización militar, la autoridad, la disciplina y la fuerza relegaban la igualdad, la libertad de acción y el pacifismo. La erradicación de todo aquello que contraviniese esos principios se llevó a cabo mediante el empleo de la violencia.
Se contó con el concurso de fuerzas de carácter paramilitar: SA nazis, camisas negras italianos ofalangistas españoles, que junto a los cuerpos regulares de la policía y otros de carácter especial (ejemplo: Gestapo alemana), fueron los encargados de anular los elementos hostiles al Estado.
Bombarderos alemanes
stukas
El fascismo potenció el papel de las fuerzas armadas, esenciales para poner en práctica los planes de expansión territorial que permitiesen ensanchar el espacio vital del pueblo y vengar los "agravios históricos"sufridos por la nación. En Alemania la “teoría del espacio vital” se puso en práctica a partir de 1938, con la anexión de Austria, Checoslovaquia y Polonia. además, los estados fascistas diseñaron una compleja escenografía con el fin de exaltar y glorificar los valores de la milicia, transmitiendo a la sociedad un sentido guerrero de la vida. Mediante imponentes y pomposos desfiles congregaron auténticas muchedumbres para enardecer el patriotismo. Los niños y jóvenes recibieron una educación basada en los valores castrenses: el uso de uniformes de carácter pseudomilitar (camisa negra en Italia, parda en Alemania, azul en España, etc) y los gestos y actitudes marciales (saludo fascista).
Ultranacionalismo
Los fascismos pretendían alcanzar la unidad y la identidad nacionales, desde una visión conservadora, excluyendo y hostigando a quienes pueda poner en peligro tal aspiración, ya sean otras naciones o elementos considerados extraños como las minorías raciales (judíos, gitanos, etc). El nacionalismo fue alentado y utilizado como arma política contra otros estados, creando un ambiente de xenofobia, rencor e intransigencia que originó tensiones y conflictos. Hubo casos en los que los sentimientos nacionales se exasperaron, como las regiones de Alsacia y Lorena, en poder de Francia a raíz del Tratado de Versalles, o la parte oriental de la Prusia alemana, bajo soberanía polaca.
Acuerdos de Munich
En febrero de 1938 Hitler anexiona Austria al III Reich. Parte de la población austríaca, de habla y cultura germánicas, vio con agrado esta acción que había sido prohibida por las potencias vencedoras tras la Gran Guerra y que formaba parte de las reivindicaciones nacionalistas alemanas. Frente a este ambiente de ultranacionalismo, las principales potencias democráticas reaccionaron con tibieza, adoptando una estregia conocida como "política de apaciguamiento", basada en el mantenimiento de la paz pese a las provocaciones y hostilidad de las potencias fascistas. En septiembre de 1938, por el "Pacto de Munich", el Reino Unido y Francia concedieron a Hitler licencia para anexionarse gran parte del territorio de los Sudetes (Bohemia-Moravia), perteneciente a Checoslovaquia y donde residía una importante minoría de origen alemán. Los acuerdos de Munich resultaron un fracaso, pues meses más tarde(marzo de 1939), Hitler invadía la totalidad del territorio checo. El ataque a Polonia (septiembre de 1939) culminaría esa escalada de agresiones, originando la Segunda Guerra Mundial.
El Imperio para Mussolini
Resucitando a Roma y el Imperio Italiano
Para convencer a las masas en torno a la idea de una patria común se manipuló a conveniencia la historia: por ejemplo, Mussolini volvió su mirada en la antigua Roma, tratando de evocar la grandeza de ese imperio e identificándolo con la Italia fascista. Consideró "mare nostro" al Adriático, al modo en que los romanos distinguieron al Mediterráneo. Creó un imperio que, hasta 1941, tuvo posesiones en África (Somalía, Etiopía o Abisinia y Libia), en el Egeo (Dodecaneso) y en el Mediterráneo (Albania).
Ejemplos similares se dieron en otros regímenes totalitarios: en España, el franquismo apeló a la monarquía de los Reyes Católicos y a la época de los primeros Austrias como paradigmas de unidad y grandeza.
Liderazgo de un jefe carismático
Los fascismos trataron de conseguir la armonía social bajo la benefactora acción de un jefe ("duce, führer, caudillo"). Sin su liderazgo, la naturaleza amorfa de las masas desembocaría en el desgobierno y el caos. El jefe debía rodearse de una élite competente, preparada y "portadora de la razón y la verdad". Los individuos eran considerados ineptos para la asunción de responsabilidades y la toma de decisiones por sí mismos, su papel en la sociedad fascista era el de súbditos, no ciudadanos de pleno derecho. El jefe debía estar dotado de un especial carisma que lo distinguiese del resto de los mortales y aglutinara las diferentes tendencias dentro del poder.
Hitler y Goering
Ante el líder solo resaba actuar con una fe ciega expresada a través del culto a la personalidad. Además de su papel dirigente, la misión de jefe era servir de guía del pueblo, ejerciendo sobre él una labor benefactora y paternal.
Lapropaganda se encargó de glorificar insistentemente ese papel, haciendo uso de todos los medios a su alcance. Especialmente útil fue la radio que se encontraba presente en numerosos hogares.
Empleo de la propaganda y el terror
Joseph Goebbels
Para atraerse a las masas, los regímenes fascistas pusieron gran empeño en controlar los medios de comunicación, especialmente, la radio y la prensa. Una vez en el poder abolieron la libertad de opinión, persiguieron a los periodistas independientes y utilizaron masivamente la propaganda para inculcar valores como patria, jefe, raza, etc. Maestro sin igual en esas prácticas fue el Ministro de Propaganda del III Reich, Joseph Goebbels. Se empleó el terror, la delación, la represión y la reclusión en campos de concentración, valiéndose incluso del asesinato. Simultáneamente, se pretendió ofrecer una imagen atractiva del régimen, tanto en exterior como en el interior, mediante el empleo de una parafernalia grandilocuente: exhibición de vistosos uniformes, saludos marciales, despliegue de banderas y estandartes, brillantes desfiles militares presididos por los jerarcas, discursos, etc. Se intentaba de ese modo impresionar a las masas y llevarlas a un orgullo patriótico.
Racismo y xenofobia
Todo aquello que el fascismo interpretó que podía descomponer una sociedad uniforme y rígidamente estructurada fue perseguido. Así ocurrió con las minorías raciales (judíos, eslavos, gitanos, etc).
En la Alemania nazi estos grupos fueron en principio aislados para evitar que contaminasen a los "ciudadanos normales"; más tarde se procedió eliminarlos desde una visión que perseguía contribuir a la idea eugenésica de mejorar la raza aria, considerada como superior e identificada con el pueblo alemán. Otros pueblos, racialmente impuros (ej., los eslavos) fueron objeto de desprecio o persecución y, en cualquier caso, puestos al servicio de los intereses de esa raza superior.
Horno crematorio de
Auschwitz
Especialmente significativo fue el caso de los judíos, a quien los jerarcas nazis responsabilizaban de ser el origen de los males que aquejaban al pueblo alemán y, por lo tanto, merecedores de ser destruidos. Para ello se planificó la“solución final”.
En otros países (Italia, España) la xenofobia y el racismo, si bien estuvieron presentes en su discurso ideológico, no llegaron a alcanzar el grado de encono, violencia y sistematización que en la Alemania hitleriana.
La caída de la Bolsa de Nueva York en 1929 tuvo repercusiones de caracter mundial, provocó la caída de las exportaciones y una grave crisis económica, que vía Europa llegó a América Latina. En el caso de nuestro país, la grave crisis económica tuvo repercusiones de carácter socio-económico, sumado a discrepacias políticas que, finalmente, desembocaron en la dictadura de Terra.
El plan anticrisis y sus costos sociales
La dramática reducción de las exportaciones entre 1929 y 1932 se hizo sentir en todos los sectores. El Consejo Nacional de Administración propuso un plan para enfrentar la crisis. Las medidas pretendían no solo paliar el déficit de la balanza comercial, sino frenar la devaluación acelerada del peso uruguayo.
Por distintas razones, las disposiciones perjudicaron tanto a los exportadores como a los importadores y a las empresas extranjeras.
La inflación desatada y el cierre de empresas repercutieron en los trabajadores. A fin de compensar la rebaja del salario real se instauró la "semana inglesa", que reducía el horario laboral, y se promovió una política de obras públicas contra la desocupación. Los efectos de la crisis golpearon a toda la población, pero las clases conservadoras no estaban dispuestas a pagar un precio tan alto y el problema se trasladó al plano político.
El golpe de Estado
En las elecciones de 1930 habían triunfado los batllistas, logrando la mayoría en el Consejo Nacional de Administración, al que correspondía la dirección de la política económica. El presidente Terra pronto marcó distancia del batllismo y discrepó con las medidas tomadas por C.N.A. En esto fue respaldado por los conservadores colorados, el herrerismo y el Comité de Vigilancia Económica. Como respuesta, el batllismo hizo acuerdos con el nacionalismo independiente, rama disidente de la mayoría herrerista, para impulsar el plan anticrisis.
La gran abstención en las elecciones de 1932, que debían renovar parcialmente los integrantes del Consejo de Administración, fue interpretada por Terra como un juicio negativo a la política del C.N.A. Convencido de que el presidente debía intervenir en la conducción económica y de que no podía esperarse hasta que hubiera una reforma constitucional, el 31 de marzo de 1933 disolvió el Consejo y las cámaras.
El golpe contó con la adhesión expresa del herrerismo, el riverismo y otros colorados conservadores; sus apoyos sociales fueron el Comité de Vigilancia Económica (con el predominio del sector agroexportador) y las clases conservadoras en su conjunto. En su contra, se contaron batllistas, nacionalistas independientes, socialistas y comunistas. La población, en general, no mostró mayor signo de resistencia.
Imágenes sobre el suicidio de Brum (ex-presidente, colorado y batllistas),
su muerte representó el quiebre institucional y una muestra de oposición al golpe de Terra.
La "República conservadora"
Durante la breve dictadura de Terra hubo persecución, prisión y exilio; censura de prensa y limitación de libertades, pero no se prohibió la actividad de los partidos. La intención del presidente y sus aliados fue poner un Ejecutivo fuerte en la dirección económica. Rápidamente se convocó una Convención Constituyente. La nueva Constitución fue plebiscitada en abril de 1934. En ese mismo acto se eligieron senadores y diputados, con la ausencia de nacionalistas independientes y batllistas, que no presentaron listas ni votaron. Una disposición excepcional habilitó a la Constituyente a elegir al presidente y éste a hacer lo propio con los gobiernos departamentales. El candidato único fue Gabriel Terra. En el Senado, según el acuerdo pactado, la mitad correspondió a los terristas y la otra a los riveristas. De este modo, se inauguró un nuevo período constitucional, marcado por la representación parcial del espectro político y la participación directa de hombres del agro y la empresa en el gobierno.
Entre el intervencionismo y el capital privado
Pese a sus compromisos con los grupos vinculados al capital nacional y extranjero, Terra mantuvo cierta autonomía de acción. Aplicó políticas tendientes a favorecer a las empresas extranjeras, al sector agro-exportador y a la industria, pero no dudó en fortalecer al Estado. Tal vez su pasado batllista o un pragmatismo consciente de la falta de iniciativa privada le llevaron a concebir proyectos de corte intervencionista o a la creación de empresas mixtas (por ejemplo: Conaprole). El Estado interventor de Terra, sin embargo, había cambiado de perspectiva y de aliados. Actuaba en la economía para apuntalar -no para sustituir- al capital privado; era un "estadonodriza", que lejos de hacer frente al sector empresarial, estaba dispuesto a complementar sus esfuerzos.
Las medidas de corte más dirigista se aplicaron al control de cambios y del comercio exterior. El Banco República tuvo el monopolio de la venta de moneda extranjera, derivando la diferencia de cambios a su favor, hacia políticas de incentivo a la producción o de compensación social. Estas últimas se basaron en el asistencialismo, que buscó atenuar los efectos de la crisis.
Julio Cesar Grauert concurre a un acto político el 23 de octubre de 1933 en la ciudad de Minas, a su regreso el auto es interceptado por la policía cerca de Pando. La policía abre fuego y el joven dirigente colorado batllista muere por las heridas 3 días después.
El entierro de éste joven radical dirigente batllista fue una verdadera
manifestación política, donde hombres y mujeres expusieron oratoria (izquierda: discurso de Luisina Luisi) y debieron enfrentar los gases lacrimógenos de la policía.
Material elaborado por la docente en base a material e información de: "Uruguay 1929-1938: depresión y desarrollo fabril" de Raúl Jacob s/d. "El impacto de la crisis del '29, los reformismos y aperturas políticas desde mediados de la década del '30" de Lucia Sala de Tourón s/d. Las imágenes son escaneadas por la docente de "Historia del Urugay en imagenes", 36 cápítulos publicados por El País y B.S.E.
En 1922, el empresario Ángel Salvo decidió homenajear a la ciudad con un edificio monumental. Corrían los “años locos”; ya era hora de que la “tacita de plata” tuviera su primer rascacielos. Salvo acudió al arquitecto milanés Mario Palanti, quien residía en Buenos Aires, ciudad en la que había diseñado el Palacio Barolo, una versión más pequeña de lo que luego sería nuestro Salvo. Era la primera vez que en el país se utilizaba la estructura de cemento armado a gran escala. Sin embargo, también se la combinó con la de sostén de arcos de medio punto en mampostería, a iniciativa de los propios operarios, que eran en su mayoría inmigrantes italianos. El edificio, que se inauguró con pompa el 12 de octubre de 1928 con una gran exposición de la industria nacional, se convirtió en orgullo de los montevideanos, especialmente porque se transformó, con sus 120 metros de altura, en el edificio más alto de América Latina, condición que ostentaría por algún tiempo.
La construcción del Palacio Legislativo
Hacia 1925 la población del Uruguay superaba 1.900.000 habitantes. Montevideo estaba habitada por 480.000 personas. La balanza comercial mostraba superávit. La prosperidad permitía encarar grandes obras. En 1925 se inauguró el Palacio Legislativo, tres años después el Palacio Salvo y en sólo seis meses de 1930 quedó pronto el Estadio Centenario. La inserción urbana de un edificio de caracteres monumentales como el Palacio Legislativo obedece a la voluntad de expandir la ciudad, que se produce desde las últimas décadas del siglo XIX. El concurso para la realización del Palacio Legislativo se realizó en 1903, y la construcción insumió 17 años, entre 1908 y 1925. Se inauguró el 25 de agosto de 1925. La construcción de la sede del Parlamento planteó en su momento un doble desafío: el de su emplazamiento y convertirse en un estructurador urbano, con la carga simbólica de representar los valores democráticos de la nación. En 1975 el Palacio Legislativo fue declarado Monumento Histórico Nacional.
El Palacio Legislativo en construcción
El edificio y su entorno en el año 1926
El Parque Urbano
El Parque Rodó, originalmente llamado Parque Urbano, con una superficie de 42 hectáreas, es uno de los principales símbolos de Montevideo. Los juegos del Parque Rodó se iniciaron el 24 de enero de 1889 con un emocionante artefacto: la montaña rusa. Las calesitas venían demoradas: la primera llegó en 1903. Los trabajos preliminares para la conformación del Parque se iniciaron entre 1900 y 1902. Entre 1903 y 1904 se construyó un lago artificial; las isletas, con puentes rústicos de imitación; la avenida central de macadam; el pabellón de música; el castillo sobre el lago, la vaquería para expendio de leche fresca y la plaza de juegos para niños. Recién en 1912 la diversión se institucionalizó, cuando la Intendencia autorizó la implantación de juegos, servicio de ponies y locales para la venta de comestibles y golosinas.
Juego giratorio. 1921.
Vista desde la rambla, a la derecha la carpa del Circo Sarrasani y la entrada al restaurante Forte di Makkale. 1924.
Los tranvías
El primer servicio de locomoción colectiva de Uruguay fue la diligencia, que a partir de 1851 unía la Villa de La Unión con Montevideo. Poco después llegaría el tranvía de caballos, un sistema de transporte por riel, que inició sus servicios en 1868, con la línea a La Unión. En 1879 quedó inaugurado el ramal de rieles que la Sociedad Uruguaya del Tranvía al Buceo había colocado hasta la playa de los Pocitos, que comenzaba a convertirse en un cotizado lugar de veraneo. El tranvía avanzaba al trote pausado de sus tres caballos, mientras el de adelante, llamado cadenero, tenía la misión de guiar la tropilla. La silenciosa tracción eléctrica terminó con el resonar de los cascos en el pavimento: el 8 de diciembre de 1906 se inauguró el primer servicio de tranvías eléctricos, con un recorrido desde la Aduana hasta la playa Pocitos. De la velocidad de trote del caballo se pasó a los vertiginosos 40 kilómetros por hora. En 1951, cuando se inauguró en Montevideo el transporte público de pasajeros en trolebuses, con la tradicional línea 62, que unía Pocitos con el Centro, se inició un cambio de era. El último tranvía circuló por la capital en el invierno de 1955, aunque en distintos puntos permanecen los rieles centenarios, con sus vigas metálicas dibujadas en el pavimento.
Barrio Colón. 1922
Rambla y playa Ramírez. 1924
El Hotel de los Pocitos
El Gran Hotel de los Pocitos, punto de referencia y elemento estructurador del barrio, se inauguró el 8 de diciembre de 1912, bajo la presidencia de Claudio Williman, propiedad de la empresa de tranvías conocida como Sociedad Comercial de Montevideo. Pocitos era, junto con Ramírez, la playa más popular de la ciudad. De estilo inglés, el hotel fue proyectado por el ingeniero John Adams, que también creó el edificio del London París, el Hospital Británico y la Sala Verdi, entre muchos otros. La entrada del hotel se enfrentaba a la rambla, y los salones, habitaciones y el gran comedor, miraban al mar. Una gran terraza de madera, sostenida sobre enormes pilotes de madera dura, se internaba en el Río de la Plata. Allí, entre el murmullo de las olas, tocaban las mejores orquestas de la época. El 10 de julio de 1923, un furioso temporal deshizo buena parte de la rambla, derribó una de las paredes de la bodega del hotel y destruyó la terraza, que no volvió a ser reconstruida. El hotel se demolió en 1935. Se iniciaba un acelerado proceso de sustituciones tipológicas, cambiando la edificación costera por edificios en altura. El viejo paisaje quedaría solamente en las postales y en los recuerdos.